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Cero recompensas ricas en grasas
 

En algunas familias, es costumbre recompensar a los niños por sus buenas acciones o por un buen comportamiento con dulces o aperitivos. “¡Te has portado muy bien!, por eso te mereces un caramelo”. Hay muchos niños que pueden recibir, por ejemplo, un helado si ayudaron en casa o si ordenaron su habitación. Sabemos que los niños obesos consideran la comida como una recompensa. Desde este punto de vista, prometer dulces funciona muy bien con los niños obesos. No es, por consiguiente, sorprendente ver que muchos padres utilizan esta técnica aún a sabiendas de que no es bueno para los problemas de peso de su hijo. Analiza bien la manera en que recompensas a tus hijos.
Encuentra otra forma de recompensarlos. Siéntate y reflexiona acerca de cuáles son las otras posibilidades. ¿Qué es lo que le gusta más a tu hijo? ¿Qué le resulta más placentero? Toma nota de todas las ideas posibles que te vienen a la mente. Después, ve si en esta lista hay cosas que pueden constituir una recompensa.

Buscar alternativas
Existen cosas adaptadas a tu hijo como recompensa, por ejemplo: mirar un libro o leerlo en voz alta, jugar un partido, un pequeño juguete, una planta para su habitación, etc. Asimismo, puedes elaborar un sistema de puntos. Cuando logre cierta cantidad de puntos, tendrá derecho a lo que quiere (por ejemplo, la compra de un niqui…)
Por tu parte, no debes olvidar este sistema de puntos. Dale los puntos cuando lo merece y cumple tu promesa. Haz un esfuerzo y redacta una lista. Piensa que ya no debes recompensar a tu hijo con comida, sino con los célebres puntos.

Sentimiento de culpabilidad
Algunos padres recompensan con demasiada frecuencia a su hijo para tener la conciencia tranquila. El sentimiento de culpabilidad proviene, en la mayoría de los casos, de la impresión que se tiene de no consagrarle demasiado tiempo. Ve si es tu caso. Quizás sea posible abandonar esta costumbre. Determina en qué situaciones resientes este sentimiento de culpabilidad y cómo haces para compensar esta falta o esta ausencia. Ningún regalo, dulce o recompensa reemplaza una presencia. Piensa también que recompensar a tu hijo con comida puede hacerle más daño que bien.
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