No existe respuesta fácil para el tratamiento del sobrepeso durante la infancia y la adolescencia. Aunque la mayoría de los niños y jóvenes y de los adultos pueden perfectamente adelgazar varios kilos con una motivación suficiente, sigue planteándose un problema sustancial, que es lo que pasa después del tratamiento: en la mayoría de los casos, el paciente vuelve a engordar. Esta experiencia es frustrante, especialmente para los jóvenes. Por eso algunos especialistas aconsejan no provocar una pérdida de peso radical. El principal objetivo del tratamiento debería consistir en trabajar etapa por etapa: la primera es aceptar su apariencia.
Como no existe respuesta simple ni fácil, cada familia o cada persona debe probar los distintos métodos y determinar cuáles funcionan y cuáles no sirven.
¿Qué resultados pueden obtener los médicos y/o los pediatras ?

El médico o el pediatra es generalmente la primera persona a la que vamos a ver si tenemos un niño obeso. Este probablemente habrá llamado la atención de su cliente sobre este problema. Los médicos pueden también determinar el grado de obesidad según la edad y el sexo del niño, y si éste proviene de una enfermedad específica, lo cual no es muy común. En tal caso, la enfermedad requiere un tratamiento específico.
Desgraciadamente, numerosos médicos y pediatras no tienen los conocimientos necesarios para tratar la obesidad. Las prácticas no toman en cuenta este tipo de casos. Además algunos médicos tienen prejuicios frente a los niños y adolescentes obesos y sus familias. Las madres explican que se sienten culpables al final de la conversación con el médico. El médico puede provocar este sentimiento por sus palabras, sus miradas o sus actitudes.
¿Por qué no actuaron antes? ¿No pueden controlar este problema? Suelen oír las madres (generalmente los padres no acompañan a su esposa e hijo). Desde luego los médicos no quieren suscitar tales sentimientos de culpabilidad. Pero están influenciados por la sociedad y los prejuicios comunes, como que «el exceso de peso es una vergüenza» o «la persona puede actuar y hacer algo si lo quiere de veras».

Si el médico logra crear un clima de confianza libre de prejuicios, las condiciones están reunidas para que la familia o el niño sean capaces de hablar abiertamente con él de sus problemas. El no podrá darles una fórmula «mágica» para resolver este problema, pero puede ayudarlos de varias maneras:
- Indicándoles el tipo y la adecuación de los tratamientos a tal o cual forma de obesidad
- Dándoles informaciones, particularmente sobre las medidas a tomar en esta óptica.
- Arreglando y coordinando contactos con otros especialistas e instituciones (es decir consultas con especialistas, nutricionistas, psicólogos y clínicos.
- Iniciando encuentros cortos y regulares a fin de ofrecer al niño/ adolescente una oportunidad de contacto con el mundo exterior; si el niño lo desea, un control regular del peso puede ser determinado por el médico.