El círculo vicioso que se debe romper es el siguiente: exceso de peso, frustración, compensar la frustración comiendo y por tanto engordar… Los pediatras, padres, educadores y profesores de deporte deben actuar de concierto. Es importante tomar en consideración a los pacientes jóvenes y tratarlos como actores esenciales. Sin la voluntad de los niños, nada funcionará. Las buenas apreciaciones juegan un papel muy importante en el tratamiento. Hay que valorar sus éxitos, por insignificantes que sean, cuando consiguen mejorar el peso o los resultados deportivos. Los niños obesos son muy sensibles a los elogios porque viven lo contrario todos los días. Los padres deben manifestar interés por las pérdidas de peso, la apariencia de sus hijos y encarecer los progresos de sus aptitudes físicas. Multipliquen las valoraciones positivas y descarten las negativas. Una atención personal puede hacer milagros y estimula la motivación del niño para la continuación de su tratamiento.
Reconocer los mecanismos iniciadores
Para ciertos niños y jóvenes, se pueden detectar causas específicas que inducen a la sobrealimentación: tristeza, estrés, ansiedad, sentimiento de no poder hacer frente a todo, rechazo en la escuela, aburrimiento o frustración. Los padres deben estar atentos a los cambios anímicos que empujan al niño a comer demasiado.
Muy importante: el niño debe aprender a reconocer estas señales para autocontrolarse y modificar sus hábitos alimenticios de manera adecuada.
Alcanzar la meta por etapas
El exceso de peso es un problema a largo plazo. Los niños y los padres deben proceder por etapas. Adelgazar 21 kg parece imposible de lograr, pero lo primero es intentar adelgazar 2 kg. La familia debe empezar con un primer objetivo y luego seguir etapa por etapa durante días y meses. Cuando logren alcanzar este primer objetivo, pueden seguir con los consejos de nuestro sitio web y ver cuál es la próxima etapa, y lo que es posible hacer a continuación.
El niño debe aceptar las etapas. No se puede forzar a un niño contra su voluntad. Una etapa puede ser adaptada a un niño y no a otro. Si es mayor, es posible dejar los consejos o recomendaciones. Esto se aplica especialmente a los niños particularmente reacios. En resumidas cuentas, el niño debe aprender a tomar su responsabilidades por sí mismo.
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