Un hecho establecido es que quien come más de lo que gasta engorda. Lo contrario se considera también verdad. Quien gasta menos de lo que come engorda. El metabolismo energético y el consumo de energía están normalmente en equilibrio para los adultos en buena salud. Por consiguiente, debemos utilizar tantas calorías cuantas consumimos durante un largo periodo. En estas condiciones el peso del cuerpo permanece estable.
El equilibrio energético se mantiene si la energía suministrada por la comida está en correspondencia con la tasa metabólica básica (trabajo de los órganos, respiración, circulación de la sangre), el calor liberado por la comida (termogénesis) y la energía requerida por el ejercicio físico. Cualquier alteración, por leve que sea, del equilibrio energético lleva (si es cotidiana), a un crecimiento importante del peso a medio plazo. Por ejemplo, 50 kilocalorías más de lo que necesitamos al día (lo cual corresponde aproximadamente a una almendra garapiñada), podría llevar, (en un año), a un crecimiento del peso de más de 4 kg. No obstante, grandes variaciones individuales pueden actuar también.
Es importante saber que cada crecimiento de peso se acompaña de un aumento del consumo de energía. Por consiguiente, con un crecimiento de 1kg, la masa grasa aumenta generalmente 0,5kg. Así, si comemos 50 kilocalorías de más, un leve crecimiento de peso y de tejidos adiposos se produce, lo que estimula a una mayor ingesta. Un nuevo equilibrio
aparece pronto. Sólo cuando existe un desequilibrio dinámico (es decir, cuando las 50 kcal de más se ingieren cada día y sobran verdaderamente) se produce un exceso de peso importante a largo plazo.

No debemos pensar que las personas obesas tienen un metabolismo básico más debíl que el de una persona normal y por consiguiente que queman menos energía. Lo contrario también es exacto. Como las personas obesas tienen sobrepeso, su metabolismo básico es más elevado. Tienen más masa muscular, lo que condiciona de manera decisiva el metabolismo básico. Si relacionamos el consumo de energía con la masa muscular, varias diferencias individuales aparecen. Existe un subgrupo de personas con sobrepeso que consumen menos energía de la que su musculatura necesita.
Un equilibrio energético perturbado (energía ingerida > energía gastada) puede deberse a los siguientes factores:
Los niños, comparados con los adultos, deben ingerir más energía porque su crecimiento necesita más energía. Durante la formación del sobrepeso, en el caso de los niños y de los jóvenes, durante varios meses, incluso varios años, la ingestión de energía sobrepasa su consumo (incluso la energía necesaria al crecimiento).